La globalización frente al vacío
La globalización es un fenómeno que cuando nació creo expectativas desmesuradas con respecto al mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes del planeta entero. ¿Esas expectativas se cumplieron o fueron defraudadas?
¿La globalización ha cumplido su cometido? ¿Ha concretado las expectativas que despertó cuando hizo su aparición? Creo la denominación “aldea global”, incuestionablemente transformó el escenario económico internacional, pero ¿lo transformó para bien o para mal? Preguntas, interrogantes, que los que no somos economistas de profesión nos hacemos genuinamente, por ánimo de saber, pero también para acomodarnos individualmente y de la mejor manera posible a las nuevas condiciones económicas, culturales, laborales y sociales que la propia globalización generó. Comencemos el análisis: La creciente integración comercial y financiera entre todos los países del mundo ha provocado una serie de fenómenos complejos. El principal de ellos, a nivel económico, es que la integración mundial implica un gran aumento en los beneficios de las más grandes empresas transnacionales que poseen capacidad de operación para invertir en forma directa en los mercados asiáticos en general (China, India, el Sudeste Asiático y Rusia). Esta amplia zona del mundo que encierra más de la mitad de toda la población mundial poseía –y posee aún- salarios muchísimo más bajos que los existentes en Occidente. El negocio ha sido entonces el siguiente: trasladar en forma creciente la producción de una vasta gama de productos hacia esos países con deprimidos niveles salariales y enormes masas de población desempleada. Eso ha ocasionado un gran descenso en los costos medios de las grandes empresas, dado que el principal costo de la producción es el trabajo y los gastos laborales en general. Pero la manufacturación creciente en naciones asiáticas de los productos que Occidente consume ha producido por una doble vía el aumento en los niveles de desempleo y el descenso en los niveles de salario real en muchos países occidentales. Por un lado, la progresiva instalación de empresas en Asia determina una presión “hacia la baja” en los puestos de trabajo y salarios en Occidente. Por el otro, las empresas que se quedan radicadas en esta parte del mundo deben adoptar cada vez más tecnologías menos intensivas en trabajo para poder competir con los bajísimos salarios asiáticos. Los presumibles beneficios de contar con una vasta gama de productos ahora fabricados a menor costo y vendidos a precio final menor, se pierden por entero para una amplia mayoría de trabajadores de medio y bajo salario y para aquellos que no disponen de trabajo alguno, los grandes damnificados del proceso de la globalización. Éste es el principal factor por medio del cual en los últimos veinte años han ascendido en Occidente las desigualdades sociales, las enormes diferencias en la distribución del ingreso, y la pobreza y la miseria. Es claro, Occidente no está en condiciones de competir industrialmente con los bajos salarios asiáticos. En los países occidentales con menor acceso al crédito barato –como los latinoamericanos- ello se ha notado desde el propio inicio de la globalización. En otros, como los Estados Unidos, ello ha pasado hasta el momento inadvertido merced a dos factores primordiales: el acceso indefinido al crédito fácil y barato de las propias empresas radicadas en países asiáticos y de los bancos centrales de esos países, y la posibilidad de trasladar mano de obra de sectores industriales hacia el sector de servicios, sobre todo hacia los servicios relacionados con la construcción y comercialización de casas y bienes raíces. Sin embargo, ello ha sido posible hasta el 2005, sólo mediante el alza indefinida del precio de las casas en los Estados Unidos y otros países occidentales, financiadas masivamente por las propias divisas generadas en los países asiáticos. En síntesis, entonces, mientras la producción y el empleo industrial se movilizan en forma creciente a países asiáticos que acumulan activos en dólares de manera incesante con el producto de esos excedentes industriales, el empleo y el salario en Occidente sólo ha podido ser mantenido adecuadamente en los Estados Unidos merced a la generación de una “burbuja” inmobiliaria que logró mantener el consumo privado, el empleo y el salario a pesar de la creciente falta de competitividad de los productos norteamericanos. Pero claro, esa “burbuja” se destruyó hacia fines de 2008, con la irrupción de la crisis de las hipotecas “sub-prime”. Al respecto, esto es lo que afirma Walter Graziano en su libro “Nadie vio Matrix” (Grupo Editorial Planeta, 2007): “En síntesis, la globalización fue publicitada como una panacea social por los medios de comunicación más importantes y poderosos del mundo, que prepararon el terreno para la implementación de la misma. La globalización omnipresente, que supuestamente todo lo abarcaba y todo lo podía, se parecía a un sueño. No obstante, lo que parecía un sueño se transformó en una pesadilla para millones y millones de personas de los sectores medios y más pobres. El final que la globalización puede llegar a tener tampoco puede aportar soluciones inmediatas para estos sectores, más allá del hecho de que constituye una necesidad ineludible para salir del sistema económico que ha esclavizado con bajos salarios a la población de Asia y otros continentes, y con desempleo a millones de trabajadores de países desarrollados”. Por último, es necesario mencionar, a fin de tener una idea acabada de la magnitud de los problemas que se vienen encima, lo que puede ocurrir con el petróleo y el gas natural que –sin contar el carbón- son hoy fuente del 70% de la energía que el mundo consume. Es hora de introducir ese fenómeno en el análisis, dado que a la muy probable aparición de una crisis económica generalizada y global, se le puede sumar nada menos que una crisis energética no menos global.
Ricardo Osvaldo Rufino
Soy periodista, tengo 51 años, tuve el honor de trabajar en el Senado de la Nación Argentina, mi país, desempeñando una tarea realmente magnífica. Creo profundamente en la libertad de expresión, creo en la posibilidad de que la web sirva para que las personas sin acceso a los altos círculos del poder puedan expresar sus puntos de vista. Tengo dos hijas que ya están superando el límite de la adolescencia, y tratan de ganarse un sitio en este mundo cada vez más competitivo. Son la razón que justifica que cada día continúe "batallando". Espero que este nuevo espacio cumpla su objetivo: aportar su granito de arena al incremento del conocimiento general y a la toma de conciencia que debe existir sobre los grandes temas de la humanidad.- Carta abierta: ¡Señores políticos, dejen de robar!
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