La desintegración de la URSS
(Ricardo Osvaldo Rufino)
¡Qué tema apasionante! ¿Por qué motivo cae la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, en 1991? ¿Qué causas explican la desintegración de una inmensa nación que, durante años, batalló con Estados Unidos en pos del liderazgo mundial? ¿De ese conglomerado de motivos, cuál o cuáles fueron los más importantes?
El derrumbe del muro de Berlín y la unificación alemana fueron la cúspide, el punto más alto, de un proceso muy largo y amplio, en el que Alemania Federal (la del oeste, la capitalista) jugó un papel importante (pero no decisivo) y la población de la República Democrática Alemana uno sumamente espectacular, aunque todavía menos importante.
¿Por qué?
En febrero de 1982 llega a la secretaría general del Partido Comunista de la URSS Andropov. En ese mismo momento, la nación soviética ya estaba bordeando la bancarrota. Su sistema de economía dirigida se había mostrado incapaz de atender las necesidades de la segunda mayor potencia del mundo, así como de mantener competitivamente en el mercado internacional los productos industriales del bloque comunista. Además, en esos años ya estaba lanzada, y en pleno desarrollo en la aldea global, la competencia tecnológica e informática, y la Unión Soviética, con su modelo económica rígido, inflexible, poco proclive a los cambios, se estaba quedando marcadamente atrás en esa carrera que estaba modificando para siempre a los sistemas productivos y administrativos del mundo entero.
Por otra parte, las nuevas generaciones no aceptaban ya la herencia estalinista y reclamaban una profunda reforma de la vida política y social del país.
Esta agonía del sistema político-económico se fue prolongando y ocultando, hasta hacerse Gorbachov con las riendas del poder, el 11 de abril de 1985. El nuevo secretario general del Partido Comunista trató de salvar tanto la viabilidad política del sistema comunista soviético, como la económica de la propia URSS. A fin de conseguir la segunda meta, trató primero de recabar la ayuda financiera del mundo capitalista para una Unión Soviética de nueva orientación: amistosa y renegada de la Guerra Fría. Fracasado este intento, el Kremlin autorizó a Gorbachov a que “vendiera” las piezas ya insostenibles pertenecientes al pauperizado imperio soviético, pero las piezas que tuviesen un comprador concreto. En realidad, estas piezas no eran más que una: la República Democrática Alemana (RDA).
La operación resultaba particularmente fácil y rentable porque el potencial “comprador”, la República Federal Alemana (RFA) no podía rehuir la operación, ya que durante cuarenta y cinco años había estado clamando en los foros nacional e internacional a favor de la reunificación de la nación germana. Además, y esto era lo más interesante en aquel momento para la arruinada URSS, el presunto comprador occidental era, a finales de los años ochenta (junto con Japón), el único Estado en el planeta con recursos económicos y liquidez suficientes como para hacer unos pagos inmediatos y conceder unos créditos cuantiosos (en total, cerca de 90.000 millones de marcos alemanes) al Kremlin.
Pero aún así, la ayuda alemana fue insuficiente para salvar a la Unión Soviética, la destrucción de su economía era ya muy profunda. El inmovilismo estalinista la había dejado al borde mismo del precipicio, y la presión de su pueblo, ya no permitía girar y dar marcha atrás.
El deseo del politburó soviético de proceder a la unificación alemana coincidía grandemente con el anhelo de cambio del pueblo germanoriental, que ya no estaba dispuesto a soportar el enjaulamiento a que le tenía sometido el régimen neoestalinista de Erich Honecker. A finales de los años ochenta, las dimensiones del Estado-policía desarrollado por los comunistas de Alemania Oriental para controlar y dominar a su propia población habían llegado a constituir auténticos pecados de hipertrofia burocrática.
El cáncer burocrático germanoriental alcanzaba extremos tales que la “Stasi” (policía secreta de la RDA) disponía en sus archivos de 6.000.000 de expedientes personales. Es decir, uno de cada tres ciudadanos estaba fichado y tenía expediente abierto. A la pasión popular por recuperar la libertad de movimientos y la posibilidad de viajar también por el mundo capitalista, se unían una impaciencia e irritación mayúsculas al ver y comprobar cómo los súbditos de la República Democrática Alemana vivían cada vez peor y con más privaciones (pese a que la RDA era, por lejos, la nación comunista europea con mejor nivel de vida), mientras los alemanes occidentales iban incrementando su bienestar año tras año.
Por supuesto que existe una variedad de causas que explican la desintegración de la Unión Soviética. Esta que explicité es, apenas, una de ellas, que involucra directamente a los alemanes. Existen libros enteros que tratan de explicar un proceso interesantísimo e intrigante que llevó a la URSS a la bancarrota. Vuelvo a reiterar, para mi humilde criterio, la imposibilidad de competir en la carrera por el desarrollo tecnológico y el modernismo, fue la decisiva. Las estructuras arcaicas de la gran nación no permitieron ni estimularon la tremenda transformación que experimentaba el mundo, a la luz de la creciente hegemonía de la computadora, los ordenadores y los sistemas tecnológicos de punta.
Ricardo Osvaldo Rufino
mir1959@live.com.ar
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