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Un poderoso ya extinguido: el tigre persa o del Caspio

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Un poderoso ya extinguido: el tigre persa o del Caspio

(Ricardo Osvaldo Rufino)

 

En realidad, solo hay una especie de tigre y, dentro de esta, un total de ocho subespecies, siendo el tigre de Bengala la más famosa de todas. Tres de las ocho subespecies ya están extinguidas.

 

Son las siguientes:

 

a)   El tigre de Bali, originario de dicha isla de Indonesia, fue cazado hasta la total extinción de la subespecie en 1937. Nunca se crió un sólo espécimen en cautividad.

b)   El tigre de Java, de esta otra isla también de Indonesia, fue extinguiéndose poco a poco, por la destrucción de su hábitat y por su caza indiscriminada, estimándose su desaparición en torno a 1980.

c)    El tigre del Caspio, o persa, originario de la antigua Persia, radicado entre Irán, Afganistán, Irak, Turquía, Pakistán y la antigua URSS, era el que usaban los romanos en los circos para la lucha contra los gladiadores. Este animal se extinguió antes de 1970.

 

En este artículo nos referiremos a la tercera de las especies mencionadas de tigres ya extinguidos: el persa o del Caspio.

 

El pelaje de esta especie era amarillo (dorado), un poco más apagado que el del tigre de Bengala y con más zonas blancas en costados y cara. Las rayas, en lugar de ser negras, tenían un color marrón de distintas tonalidades e incluso se volvían amarillentas en las zonas blancas cercanas al vientre. En invierno, el pelo crecía bastante para soportar el frío clima que se adueñaba entonces de las montañas de Asia centro-occidental, especialmente en el vientre y la característica barba o pequeña melena de la zona de las mejillas y garganta.

 

Los machos eran más grandes que las hembras; los primeros pesaban entre 169 y 240 kg, con una longitud de 2,65/2,95 m, mientras que las hembras pesaban hasta 135 kg.

 

El cuerpo era bastante robusto, y algo alargado, con patas fuertes y bien desarrolladas, rematadas por unas garras excepcionalmente largas, más grandes que las de cualquier otro tigre. Las largas a la par que robustas patas les permitían recorrer largas distancias; de hecho, esta subespecie de tigre, al contrario que las otras, emigraba cada año, siguiendo las manadas de saigas, asnos salvajes, ciervos y camellos de los que se alimentaba. Debido a esto, los kazajos lo conocían como “leopardo viajero”, en contraste con el auténtico leopardo que aún habita en Turkmenistán y es de carácter sedentario. En cuanto a la cola, era bastante corta y estaba surcada por rayas blancas y pardo-amarillentas alternadas.

 

Los tigres del Caspio evitaban las zonas más secas y descubiertas de su entorno, fijando su hábitat característico en zonas cubiertas de bosques, matorrales y hierbas que se concentraban en torno a los cursos fluviales, y de las que el tigre dependía para camuflarse y acechar a sus presas.

 

En realidad, los tigres actuales descienden de una sola población original que durante el Pleistoceno habitaba al sur de Siberia y luego emigró hacia el sur, expandiéndose por gran parte del continente asiático. El tigre del Caspio se originó a partir del único grupo que emigró hacia Occidente, mientras el resto lo hacía siguiendo la costa china. Por ello, se creyó que el tigre del Caspio sería seguramente la subespecie con más diferencias genéticas respecto al resto de tigres. Pero la investigación genética en 2009 demostró que el animal estuvo estrechamente relacionado con el tigre siberiano (P. t. altaica). Separados por una sola letra del código genético, se cree que los dos se separaron el uno del otro en el siglo pasado. Algunos investigadores sugieren que puede ser posible volver a introducir el tigre siberiano, estrechamente relacionado con la distribución histórica del tigre del Caspio, con la esperanza de recrear el gran felino ahora extinto.

 

En los albores de la Historia, la distribución del tigre del Caspio ya alcanzaba de lleno el Cáucaso y gran parte de Anatolia, extendiéndose por el este hasta Afganistán y Mongolia. Una leyenda afirma que el río Tigris, en Mesopotamia, recibió su nombre después de que uno de los numerosos tigres de sus orillas cruzase sus turbulentas aguas mientras llevaba una princesa embarazada sobre su lomo.

 

Con el progresivo aumento de la población y presión humana, el tigre del Caspio redujo lentamente su área de ocupación. Se cree que en tiempos de la Antigua Grecia, el tigre ya sólo alcanzaba por el oeste los límites orientales de Anatolia, y por ello no fue conocido por los griegos hasta las campañas de Alejandro Magno contra los persas. Los romanos capturaron algunos tigres del Caspio para usarlos en el circo, generalmente con el fin de enfrentarlo en la arena al otro felino gigante conocido en el mundo antiguo: el león del Atlas.

 

La subespecie no sufrió realmente hasta la llegada de las medidas previstas por los zares de Rusia para ocupar efectivamente las tierras fronterizas de Asia Central y el Cáucaso, y así poder reclamarlas sin discusión posible. En los inicios del siglo XX se decidió que no había lugar para el tigre en las tierras que bordeaban el Mar Caspio y se ordenó al ejército que se asegurase de exterminarlo, labor que completó en poco tiempo. Tras los soldados llegaban colonos que deforestaban los bosques y roturaban intensivamente la tierra para dedicarla al cultivo de arroz y algodón preferentemente, por lo que si algún tigre sobrevivía al exterminio directo acababa pereciendo o siendo expulsado de una zona por culpa de la destrucción de su hábitat. También se cazaron sus presas principales y se persiguió al tigre por su piel.

 

Durante la ya fundada Unión Soviética se exterminó al tigre en el moderno Azerbaiyán (una de las repúblicas socialistas soviéticas) a principios de siglo, aunque en 1964 se informó de algunos ejemplares que había recolonizado el área desde Irán y luego desaparecieron. En el extremo oriental de su distribución, el lago Baljash, la extinción pudo ocurrir entre 1930 y 1940. La prohibición de cazar tigres en la URSS, proclamada en 1947, llegó demasiado tarde para el tigre del Caspio, pero sirvió para salvar al también extensamente perseguido tigre siberiano.

 

Ricardo Osvaldo Rufino

mir1959@live.com.ar

 

 

 

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