Hoy Internacional - Red Social Informativa Independiente: Los rusos claman por una mejor calidad de vida Los rusos claman por una mejor calidad de vida ================================================================================ admin on 26/01/2012 18:02:00 (Ricardo Osvaldo Rufino) “Rusia no es Egipto. Y Moscú no está a las puertas de una revolución como El Cairo estaba hace un año atrás. El poder de Rusia tiene a su disposición herramientas de las que el antiguo presidente egipcio Hosni Mubarak no disponía. Como una superpotencia energética, puede abrir sus cobres para aplicar, al menos en parte, la humillación que les ha infligido a sus ciudadanos con el fraude en las últimas elecciones legislativas. Y no todos los rusos están en las calles. Debemos tener cuidado con el ‘efecto zoom’, que hace que mucha gente crea que los jóvenes manifestantes de la plaza Tahrir de El Cairo eran representantes plenos de la sociedad egipcia. No lo eran. El Egipto rural, como la Rusia rural, es mucho más conservador que las jóvenes elites que atraen la imaginación del mundo con sus protestas y se valen de las nuevas redes sociales. Mubarak estaba viejo y enfermo y ya no disfrutaba de la confianza de su pueblo. Vladimir Putin, por el contrario, exuda energía y salud, y aún dispone del apoyo de grandes sectores de la sociedad rusa, cuya principal preocupación es la gloria del país, antes que la felicidad de sus ciudadanos”. El politólogo francés Dominique Moisi (que habitualmente publica trabajos en The New York Times y The Financial Times y autor de la obra “Un judío improbable”) escribió un muy buen artículo, titulado “¿Primavera rusa?” (Diario Perfil, 22/01/2010) en el que, a través del párrafo transcrito arriba y en el resto del contenido de la nota, se refiere al disconformismo de una porción de la sociedad rusa con respecto a las falencias de la democracia que rige en la actualidad en esa gran nación, y al desequilibrio económico y social que las mismas están ocasionando. Los dichos de Dominique Moisi son dignos de ser analizados con detenimiento: él opina que grandes sectores de la sociedad rusa prefieren la grandeza de la nación, antes que la felicidad de su propio pueblo. Como si fuesen conceptos enfrentados y contradictorios. Uno tiende a razonar que si un país alcanza un estatus de grandeza, esa realidad desembocará, inevitablemente, en una optimización de la situación de su ciudadanía… En Rusia está sucediendo algo concreto: desde la implementación del sistema democrático se ha incrementado marcadamente la corrupción en altos niveles de los distintos gobiernos, en miembros de la elite y en cierto empresariado. Y además se ha incrementado también la desigualdad económica. Más allá de todos los desatinos que tuvo el sistema soviético (rígido en extremo, escasamente proclive a las transformaciones que los tiempos de la humanidad siempre han experimentado, dictatorial, centralizado), el mismo posibilitó una cierta igualdad económica en el universo social. Entonces, claro, ahora cuando el capitalismo cubre con sus características e impronta todos los intersticios de la “nueva” Rusia, las diferencias monetarias propias del sistema creado por Adam Smith, lógicamente están cayendo mal y creando rebeldía en las franjas sociales desfavorecidas, muy particularmente en los sectores juveniles de las mismas, que han protagonizado, recientemente, protestas significativas en Moscú. El final del artículo de Dominique Moisi es excelente: “Rusia está en declive. El idealismo democrático que acompañó la caída del comunismo hace veinte años se ha ido, pero el ‘orgullo imperial’ recuperado en parte durante los años de Putin no ha sido suficiente para compensar el desprecio con el cual el Estado ruso trata a sus ciudadanos. El mensaje de los manifestantes de Rusia es simple: ‘demasiada corrupción, desprecio e inequidad es demasiado’. Rusia, como el mundo árabe, quiere modernidad”. ¿Qué es querer modernidad para el pueblo ruso? A mi criterio, es querer una democracia de verdad, limpia, sana, transparente, sin tantos personajes atados al poder y favorecidos por los líderes de esa democracia. También es querer una lucha frontal y decidida contra los estamentos de la corrupción, que ya parece haberse ganado un lugar en la Rusia de hoy. Y por último, es querer que los gobernantes piensen un poco más en el ruso de carne y hueso, en ese hombre y esa mujer que trabajan, producen y transitan las calles cotidianamente, y piensen un poquito menos en la supuesta “grandeza” de otrora. Porque, en definitiva, razonemos: la globalización ya es una realidad absoluta en el mundo actual, la globalización llegó para quedarse y sus efectos se van introduciendo en la mente de los más jóvenes, especialmente. Y ha disminuido la importancia de los “pergaminos” que un país individualmente puede mostrarle al resto de las naciones, y acrecentado notablemente el insustituible valor que tiene la calidad de vida de las poblaciones. ¿Qué están expresando con sus protestas los jóvenes rusos de hoy, entonces? Basta de tanto “orgullo de corte imperial”, y más trabajo, estudio, posibilidades concretas de crecimiento personal… Señor Putin: escuche la voz de su pueblo. Ricardo Osvaldo Rufino mir1959@live.com.ar