España

Julen Lopetegui heredó una España ciertamente agotada. Por mensaje, por sistema y por ideas, el combinado nacional necesitaba pasar página y recibir estímulos que le hicieran saber que todo era pasajero y que a su alrededor brotaba no solo mucho talento sino talento del máximo nivel. Para ello, el técnico vasco arrancó, prosiguió e inculcó una cultura dinamizadora y abierta, la cual proponía y fomentaba la frescura y la versatilidad. En todo el viaje de camino a Rusia, sin perder por el camino, Julen ha recuperado la fluidez en la circulación involucrando a mucho pasador, de rango corto, laterales hiperofensivos y un mediocentro, Sergio Busquets, que va a necesitar que sus dos zagueros, Sergio Ramos y Gerard Piqué, jueguen y prevalezcan en cada momento.
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Si de entrada pudo Julen pensar en grande y alinear a mucho jugador de control, pase e iniciativa con balón fue porque es el discurso imperante y adquirido, tiene jugadores para rodear al balón de seguridad y brío, y porque dispone de dos centrales acostumbrados a someter y a defender en función de la pérdida de balón de su equipo y del potencial contragolpe. España juega muy arriba, por propia decisión y por el papel asumido por el oponente, y eso obliga a sus centrales a defender en un contexto muy, muy concreto. A sus 32 años, Ramos y Piqué se las saben absolutamente todas. Por viejos, por diablos, por zorros y por fútbol. A ellos no les va a pillar nada desprevenido, pero seguramente les va a pillar más de la cuenta tener que vérselas para que Busquets no se vea muy solo y no se tenga que correr demasiado hacia los costados.
Por eso, Piqué y Ramos van a tener que acompañar más arriba que nunca un plan con balón imaginado por la selección. Si en 2010 y 2012, Busquets contaba con la ayuda de Xabi Alonso en tareas de equilibrio con y sin balón, el de Badia ha sido el termómetro de España en las dos últimas citas de selecciones por su continúa soledad en el pivote. Para que España no se reconozca a través de los pocos o muchos apuros que afronte Sergio, Ramos y Piqué deberán asumir todos los galones que se les ocurra como añadido a los obligados. Suerte para Lopetegui contar con dos centrales que han convivido con la transición ofensiva como modo de defender. Ellos llevan toda la vida tomando decisiones, sin esperar atrás, ejerciendo desde la comprensión, el duelo psicológico, el malabar ante el contragolpe. El saber cerrar la fase ofensiva con garantías posicionales.
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Además porque aunque tengan que gestionar muchísimos metros a su espalda, su sabiduría defensiva, su timing para anticipar, cerrar líneas de pase y acorralar a su par son lances del juego que su actual momento físico necesita. Ramos y Piqué solicitan defender arriba para prevenir situaciones de riesgo. Y no porque su defensa del área les deje en mal lugar, habiendo sido y siendo auténticas garantías en área propia, sino porque esa necesidad nace de su entorno. El juego de España ha recuperado dos bandas con mucho juego interior. Silva, Iniesta e Isco son los guardianes de la idea y sus primeros defensores con balón.