Garitano

Asier Garitano dice adiós al Club Deportivo Leganés, en una despedida que separa dos caminos inherentes en el indiscutible éxito del último lustro en el cuadro pepinero. Probablemente, la mejor forma de resumir lo conseguido por el técnico vasco es que la palabra “milagro” se haya borrado definitivamente cuando se habla del club, y haber logrado la permanencia con cierta holgura en sus dos años en primera merece, teniendo en cuanta los medios que ha tenido a su disposición, tal consideración.
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Cuando Garitano llegó al Leganés en junio de 2013, el equipo del sur de Madrid militaba en la Segunda División B. Fue el comienzo de un proyecto que, con un crecimiento fulgurante, ha permitido a los blanquiazules asentarse en la Primera División con solvencia. Ascenso en su primera temporada, salvación holgada en Segunda, ascenso directo en el siguiente curso y dos salvaciones consecutivas en primera que, a pesar de haber sido dejando al equipo en el decimoséptimo lugar de la tabla, han sido con menos sufrimiento de lo que dicta la clasificación.
Garitano ha mostrado una filosfía clara y concreta, que ha marcado la diferencia en todas y cada una de sus etapas al frente del Leganés y que por supuesto, ha alcanzado su punto álgido en primera. La adaptación al rival ha sido el camino reconocido por el técnico vasco, como dejó claro en la entrevista que le realizamos en Cáprica: “En diferentes partidos utilizamos diferentes alturas de presión, pero siempre estudiando los espacios que nos interesan tapar para después atacar”.
Ha sido algo que el Leganés ha venido empleando a lo largo de la etapa Asier Garitano, evidentemente más marcado en los últimos dos años, donde el técnico pepinero nos contó que “los entrenadores de primera división me hacen pensar mucho”, porque “son muy buenos, según mi punto de vista”. Esa versatilidad es lo que ha definido el equipo en los últimos años, buscando una adaptación a los rivales que ha venido potenciando de forma individual a los futbolistas y, otra fijación del técnico, ocultar en la medida de la posible sus carencias.
A partir de ahí, el vasco ha logrado adaptar de maravilla las incorporaciones que le ha dado el club que, lógicamente, por presupuesto estaban obligadas a ser de perfil bajo dentro de la categoría. Amrabat o Beauvue han mostrado ser aciertos concretos de cara al modelo de juego, dos futbolistas con capacidad para adaptarse a esa idea de defender con el bloque a media altura, forzar el error del rival, paradigma del juego que ha buscado implantar Garitano, y después buscar atacar con mucha verticalidad la zona decidida en el prepartido.
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Con Eraso sumando mucho ímpetu y decisión a la hora de robar en los primeros pases del rival, y la figura de Rubén Pérez para completar las coberturas por detrás de esa primera línea de presión, al Leganés ha venido siendo muy difícil colarle la pelota entre centro del campo y línea defensiva, lo que ha explicado por qué el rival ha tenido que progresar por fuera y lo bien que ha defendido el equipo madrileño tanto el área -la incorporación de Siovas en ese sentido también ha sido un acierto total- como todo ese carril interior cuando le ha tocado estar junto en campo propio. El Leganés ha logrado instalarse en la élite, y Garitano, su “inventor”, definir un nombre que dado su libreto, le abrirá un gran número de puertas en el fútbol español.