Neymar y la nueva era de Brasil

Desde que en junio de 2016 la CBF decidiera apostar por Tite para reconducir el camino de la canarinha hacia el Mundial de Rusia, a la pentacampeona del mundo no han parado de llegarle noticias muy positivas. La irrupción de Gabriel Jesus, la explosión de Casemiro en Madrid, el regreso de un buen Paulinho, la recuperación de Dani Alves en Turín, el crecimiento de Coutinho incluso en derecha… La mayoría de estas noticias, por no decir todas, han sido en realidad provocadas por la dirección de un Tite que rápidamente apostó por un modelo que no excluía la calidad, sino que de hecho la protegía.
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Porque se podría decir que el ex de Timão llegó en un instante más propicio que Scolari o Dunga, pero lo cierto es que ha sido el propio Tite quien ha forzado este preciso momento. Un momento que ha convertido a Brasil en una de las grandes favoritas al título. Y no por historia o tradición, sino por juego y jugadores. Esta vez sí, Brasil presenta al Mundial una selección con cuerpo y cara de campeona.

Pero la mejor noticia de la Brasil de Tite la ha protagonizado su estrella. Desde su primer partido con la verdeamarela, Neymar se ha mostrado como un un futbolista increíblemente desequilibrante a nivel de selecciones. Su cifra de goles es impresionante: lleva 52 tantos en 79 encuentros y ya es cuestión de tiempo que supere a Romario, Zico, Ronaldo y Pelé. Palabras mayores. Sin embargo, a Neymar Jr todavía le faltaba dar el paso que más necesitaba Brasil.
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La canarinha necesitaba que su estrella no sólo fuera un problema para sus rivales, sino que también fuera una solución constante para sus compañeros. Hasta la llegada de Tite, no sólo con su selección sino también en Barcelona, Neymar era un mero elemento individual. Uno de los más destacados del mundo, obvio, pero estaba aislado. Arrastraba, porque un futbolista con su calidad y talento siempre termina arrastrando a su equipo, pero no de la manera que una Brasil con mucha menos calidad de la que tiene ahora necesitaba. Ney no involucraba a sus compañeros. Apenas tejía relación con Marcelo (que no siempre fue su lateral) y con Fred (que no siempre fue el delantero). Y el equipo, al final, dependía excesivamente de él. El escenario ideal es que durante este tiempo de maduración, Brasil le hubiera acompañado de mejor manera para evitar que la carga fuera excesiva y el premio finalmente hubiera sido mayor. Pero, como bien sabe su amigo Leo Messi, en el fútbol de selecciones rara vez se dan los escenarios ideales.

El caso es que Ney ahora es otro futbolista. En sus últimos meses con el Barça, tras completar un 2016 realmente bajo, ya demostró estar preparado para tomar varias de las responsabilidades que, por primera vez, comenzaban a sobrepasar a Messi. Y en Brasil, en un sistema que le da mucha más libertad y que le permite pisar los tres carriles, esto se está notando todavía más. Su relación con sus compañeros es más natural. Está mejor rodeado. Y se nota. Cada uno de sus toques hacen mejor a su equipo y peor al rival. Su influencia no se limita a sus acciones individuales, sino que se extiende sobre todo el juego ofensivo de Brasil. Incluida una banda derecha en la que el lateral es centrocampista (Dani Alves), el extremo es mediapunta (Coutinho) y el interior es punta (Paulinho). Tite lo ha provocado y Neymar ha respondido. Rusia les espera.