Los cuatro Fantásticos

Roberto Martínez comenzó su andadura al frente de la selección belga con la misión de comprender una generación muy talentosa a la que su antecesor, Marc Wilmots, no terminó de entender del todo, al menos a la hora de potenciar y equilibrar de forma natural. Dicha misión, la de organizar tanto talento ofensivo, le está llegando al español en un momento muy diferente al que manejó Wilmots, pues a Rusia 2018, Bélgica aterrizará con cuatro historias individuales, cuatro estatus importantísimos, que pueden significar muchas cosas. Kevin De Bruyne, Eden Hazard, Romelu Lukaku y Dries Mertens podrían ser, por separado, la estrella de la selección. Y muy probablemente, de su concurso junto dependa el techo y las aspiraciones de una selección generadora de unas expectativas que nunca han estado tan fundadas como ahora mismo.
Esta interesante cuestión, la de dar cabida a cuatro jugadores que están mutando de piel a nivel competitivo, planteada por Adrián Cervera recientemente, pone de nuevo de manifiesto cómo organizar e integrar talentos tan importantes. A diferencia de otros momentos del pasado, los cuatro atraviesan un momento personal que llevaría a considerar entregar y conceder determinadas cosas a cada uno de ellos. Todos tienen argumentos para reclamar un estilo, una libertad o unos espacios concretos para desarrollar su mejor fútbol. En esas posibles peticiones podrían pensarse compatibilidades y sistemas que llevarían a Martínez a actuar de una determinada manera. Sea por la importancia de estos cuatro jugadores o por cuestiones más globales, el caso es que prácticamente desde el comienzo de su etapa al frente de la selección, Roberto ha utilizado una defensa de tres centrales que han integrado con excelente rendimiento Alderweireld, Vertonghen y un tercer miembro -Kompany o Vermaelen-, y que ha permitido ganar una altura (línea) para que la amplitud sea de los carrileros y los cuatro cracks tengan un espacio que pueda serles reconocible. Tienda de camisetas baratas de futbol, nuevas camisetas del mundial 2018.

Desde ahí, y yendo hacia delante, debe entenderse que Hazard ya no parte de un costado, que Mertens es un goleador portentoso desde el ‘9’, que Lukaku es fiable en un gigante europeo que lucha por todos los títulos y que De Bruyne ya no puede partir desde la banda. Los cuatro buscan, parten o acaban por el centro, y para que puedan encontrar acomodo, es precisamente el jugador del Manchester City quien puede abrir la puerta: jugar desde más atrás en el 3-4-2-1 belga puede ser el paso que permita ver en Rusia a los cuatro talentos juntos. Porque más importante que repartirse el ancho, el eje horizontal, es equilibrar el vertical. Con De Bruyne retrasando sus movimientos en el día a día citizen, Martínez puede dejar los últimos 30 metros para Dries, Eden y Romelu.
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El cambio de sistema ha ido acompañado del rol que está llevando a Kevin De Bruyne a organizar los ataques de Bélgica, más preparados para salir con espacios que para crearlos, teniendo, eso sí, la suficiente calidad en diferentes alturas para desequilibrar. No es un equipo de pasadores, y salvo el propio De Bruyne, no lo son los otros tres jugadores que se mencionan, pero incluir a Kevin en el círculo central permite un margen de maniobra que quizás no existía en el pasado. El embudo del 4-2-3-1 que tenía a Nainggolan y Witsel por detrás y a cuatro atacantes por delante carecía de gracia y sostén. El presente requería de una nueva realidad, la que Mertens, Hazard, Lukaku y De Bruyne están viviendo en estos momentos.

Neymar y la nueva era de Brasil

Desde que en junio de 2016 la CBF decidiera apostar por Tite para reconducir el camino de la canarinha hacia el Mundial de Rusia, a la pentacampeona del mundo no han parado de llegarle noticias muy positivas. La irrupción de Gabriel Jesus, la explosión de Casemiro en Madrid, el regreso de un buen Paulinho, la recuperación de Dani Alves en Turín, el crecimiento de Coutinho incluso en derecha… La mayoría de estas noticias, por no decir todas, han sido en realidad provocadas por la dirección de un Tite que rápidamente apostó por un modelo que no excluía la calidad, sino que de hecho la protegía.
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Porque se podría decir que el ex de Timão llegó en un instante más propicio que Scolari o Dunga, pero lo cierto es que ha sido el propio Tite quien ha forzado este preciso momento. Un momento que ha convertido a Brasil en una de las grandes favoritas al título. Y no por historia o tradición, sino por juego y jugadores. Esta vez sí, Brasil presenta al Mundial una selección con cuerpo y cara de campeona.

Pero la mejor noticia de la Brasil de Tite la ha protagonizado su estrella. Desde su primer partido con la verdeamarela, Neymar se ha mostrado como un un futbolista increíblemente desequilibrante a nivel de selecciones. Su cifra de goles es impresionante: lleva 52 tantos en 79 encuentros y ya es cuestión de tiempo que supere a Romario, Zico, Ronaldo y Pelé. Palabras mayores. Sin embargo, a Neymar Jr todavía le faltaba dar el paso que más necesitaba Brasil.
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La canarinha necesitaba que su estrella no sólo fuera un problema para sus rivales, sino que también fuera una solución constante para sus compañeros. Hasta la llegada de Tite, no sólo con su selección sino también en Barcelona, Neymar era un mero elemento individual. Uno de los más destacados del mundo, obvio, pero estaba aislado. Arrastraba, porque un futbolista con su calidad y talento siempre termina arrastrando a su equipo, pero no de la manera que una Brasil con mucha menos calidad de la que tiene ahora necesitaba. Ney no involucraba a sus compañeros. Apenas tejía relación con Marcelo (que no siempre fue su lateral) y con Fred (que no siempre fue el delantero). Y el equipo, al final, dependía excesivamente de él. El escenario ideal es que durante este tiempo de maduración, Brasil le hubiera acompañado de mejor manera para evitar que la carga fuera excesiva y el premio finalmente hubiera sido mayor. Pero, como bien sabe su amigo Leo Messi, en el fútbol de selecciones rara vez se dan los escenarios ideales.

El caso es que Ney ahora es otro futbolista. En sus últimos meses con el Barça, tras completar un 2016 realmente bajo, ya demostró estar preparado para tomar varias de las responsabilidades que, por primera vez, comenzaban a sobrepasar a Messi. Y en Brasil, en un sistema que le da mucha más libertad y que le permite pisar los tres carriles, esto se está notando todavía más. Su relación con sus compañeros es más natural. Está mejor rodeado. Y se nota. Cada uno de sus toques hacen mejor a su equipo y peor al rival. Su influencia no se limita a sus acciones individuales, sino que se extiende sobre todo el juego ofensivo de Brasil. Incluida una banda derecha en la que el lateral es centrocampista (Dani Alves), el extremo es mediapunta (Coutinho) y el interior es punta (Paulinho). Tite lo ha provocado y Neymar ha respondido. Rusia les espera.

Neymar y la nueva era de Brasil

Desde que en junio de 2016 la CBF decidiera apostar por Tite para reconducir el camino de la canarinha hacia el Mundial de Rusia, a la pentacampeona del mundo no han parado de llegarle noticias muy positivas. La irrupción de Gabriel Jesus, la explosión de Casemiro en Madrid, el regreso de un buen Paulinho, la recuperación de Dani Alves en Turín, el crecimiento de Coutinho incluso en derecha… La mayoría de estas noticias, por no decir todas, han sido en realidad provocadas por la dirección de un Tite que rápidamente apostó por un modelo que no excluía la calidad, sino que de hecho la protegía.
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Porque se podría decir que el ex de Timão llegó en un instante más propicio que Scolari o Dunga, pero lo cierto es que ha sido el propio Tite quien ha forzado este preciso momento. Un momento que ha convertido a Brasil en una de las grandes favoritas al título. Y no por historia o tradición, sino por juego y jugadores. Esta vez sí, Brasil presenta al Mundial una selección con cuerpo y cara de campeona.

Pero la mejor noticia de la Brasil de Tite la ha protagonizado su estrella. Desde su primer partido con la verdeamarela, Neymar se ha mostrado como un un futbolista increíblemente desequilibrante a nivel de selecciones. Su cifra de goles es impresionante: lleva 52 tantos en 79 encuentros y ya es cuestión de tiempo que supere a Romario, Zico, Ronaldo y Pelé. Palabras mayores. Sin embargo, a Neymar Jr todavía le faltaba dar el paso que más necesitaba Brasil.
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La canarinha necesitaba que su estrella no sólo fuera un problema para sus rivales, sino que también fuera una solución constante para sus compañeros. Hasta la llegada de Tite, no sólo con su selección sino también en Barcelona, Neymar era un mero elemento individual. Uno de los más destacados del mundo, obvio, pero estaba aislado. Arrastraba, porque un futbolista con su calidad y talento siempre termina arrastrando a su equipo, pero no de la manera que una Brasil con mucha menos calidad de la que tiene ahora necesitaba. Ney no involucraba a sus compañeros. Apenas tejía relación con Marcelo (que no siempre fue su lateral) y con Fred (que no siempre fue el delantero). Y el equipo, al final, dependía excesivamente de él. El escenario ideal es que durante este tiempo de maduración, Brasil le hubiera acompañado de mejor manera para evitar que la carga fuera excesiva y el premio finalmente hubiera sido mayor. Pero, como bien sabe su amigo Leo Messi, en el fútbol de selecciones rara vez se dan los escenarios ideales.

El caso es que Ney ahora es otro futbolista. En sus últimos meses con el Barça, tras completar un 2016 realmente bajo, ya demostró estar preparado para tomar varias de las responsabilidades que, por primera vez, comenzaban a sobrepasar a Messi. Y en Brasil, en un sistema que le da mucha más libertad y que le permite pisar los tres carriles, esto se está notando todavía más. Su relación con sus compañeros es más natural. Está mejor rodeado. Y se nota. Cada uno de sus toques hacen mejor a su equipo y peor al rival. Su influencia no se limita a sus acciones individuales, sino que se extiende sobre todo el juego ofensivo de Brasil. Incluida una banda derecha en la que el lateral es centrocampista (Dani Alves), el extremo es mediapunta (Coutinho) y el interior es punta (Paulinho). Tite lo ha provocado y Neymar ha respondido. Rusia les espera.

El madrid ante el Eibar

Cuanto menos diferente, puede que más complejo es realizar el análisis del juego de dos equipos cuando la efectividad de cara a puerta se muestra tan dispar. Y no es que el Real Madrid sea un equipo de alta efectividad, pues ha tenido problemas en el pasado en esta cuestión, pero ayer, ante el Eibar de Mendilibar, el equipo con más problemas de gol de Primera División,los de Zinedine Zidane pudo manejar el ritmo del encuentro desde un porcentaje altísimo de acierto en sus acercamientos. Desde ahí, pudieron sacarse algunas lecturas, generales e individuales, las suyas propias y otras tantas de los armeros, que cabe destacar y hacer constar en los siguientes párrafos.
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Lo cierto es que el Eibar comenzó con ciertas señales positivas. Sus problemas para encontrar el ritmo concreto de juego, en el que plantea un problema al rival, aprovecha la poca claridad de éste para resolverlo y, desde ahí, encontrar situaciones y continuidad para realizar un encuentro completo, fueron esta vez algo mitigados por su presión sobre la salida blanca, un enfrentamiento que con el paso de los minutos fue muy favorable para los blancos, potencialmente extraordinarios cuando sus mejores jugadores tiran de filigranas y acciones técnicas para superar la presión pero que en su inicio pudo ver al Eibar incomodando. Con Capa y Cote sumándose a línea de medios para tener superioridad en los costados a la hora de cerrar al poseedor que iniciaba por fuera, el Madrid tuvo que arremangarse.

Lo hizo tras el primer gol, y desde ahí, comenzaron a verse las costuras del Eibar, alguna puntual del Madrid, y la aparición de Dani Ceballos, uno de esos centrocampistas que se hace notar en cada segundo que pisa el campo. Las del Eibar se vienen conociendo ya esta temporada: su sistema se ha caído varios enteros por su falta de gol, la importancia de Pedro León en los planes de Mendilibar y lo que significa el ritmo alto en su propuesta, que ha perdido por cómo tiene la pelota y cómo lo traduce en (pocos) goles.
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En cuanto a los blancos, que salieron sin Benzema, con Asensio como segundo punta, quedó patente que entre sus movimientos, irregulares, sin peso específico para completar lo que necesita el sistema de esa figura, y que con Theo y Nacho tampoco pudo solventar del todo, a pesar del siempre fantástico rendimiento del canterano, el Madrid no fue lo que pudo ser ante un rival en inferioridad en el marcador y con serios desajustes en su defensa de su propio campo.

Quien sí estuvo a la altura para compensar, al menos, la circulación y la claridad entre líneas y por delante de ellas, fue Dani Ceballos. Coincidiendo con la entrada de Benzema, el sevillano comenzó a brillar. Su intervencionismo con la pelota, su dinámica de movimientos, protección de balón y alegría para hacer jugar a su alrededor dieron con los minutos de mayor superioridad del Real Madrid, que manejó un ritmo de juego intermedio, con momentos de gran exuberancia técnica, dañando a los espacios y abrochando una victoria marcada, esta vez sí, por la productividad ofensiva, por su acierto de cara al gol.

Grada de protesta

Twitter de la agrupación Iñigo Cabacas Herri Harmaila
Comunicado oficial del Athletic Club
Hace tiempo que las aguas bajan revueltas en la grada norte de San Mamés. Hace tiempo que el desencuentro entre club y aficionados del sector 110, el colectivo de animación agrupado como Iñigo Cabacas Herri Harmaila, es palpable y manifiesto. De un lado, las reivindicaciones del graderío, algunas de ellas comprensibles y otras absolutamente extemporáneas. Del opuesto, las limitaciones que el club debe cumplir por imperativo contractual o normativo y que se ve obligado a imponer a sus socios y aficionados que acudan al estadio.
Cuando antepones una serie de condicionantes a la animación a tu equipo, es que hay otras cosas que te interesan más que animar a tu equipo. Y últimamente, el fenómeno de la grada reivindicativa de derechos se está dando con demasiada asiduidad en campos de toda España. Reclamar derechos es la consecuencia lógica de negarlos por sistema y sin mayor explicación. Está muy bien pedir justicia y reclamar lo que se considere oportuno, pero siempre se ha de tener presente por dónde se mueve cada uno. Parece que hay quien olvida que si forma parte de una de esas llamadas ‘gradas de animación’, con los beneficios y ventajas que ello supone en muchos casos (no son pocos los clubes que incentivan las gradas de animación con bonificaciones en las cuotas, por ejemplo), es precisamente para animar al equipo y generar ambiente, no para intoxicarlo y supeditar esa animación a sus cuitas personales y a empresas de toda índole ajenas al equipo. ‘Castigar’ al club privando a los jugadores del habitual empuje de la grada es una maniobra egoísta y tras la que subyace un principio evidente: primero la grada y sus intereses, después, el equipo. Ocurrió ayer en Bilbao y ocurrió también ayer en León, donde los hinchas del fondo sur del Reino de León decidieron entrar al partido ante el Valladolid en el minuto veinte, en señal de protesta por no haberse permitido la introducción de banderines con asta en el estadio leonés. Si el equipo te importa, no te marchas de tu localidad ‘en señal de protesta’, del mismo modo que no abandonas el estadio en el minuto ochenta para no coger cola en el metro de camino a casa. Lo tratarán de argumentar como una defensa de su dignidad como grupo de animación. O quizá traten de subsumir sus pretensiones en ese cajón desastre en el que se ha convertido el cada vez más difuso (por amplio) concepto de ‘libertad de expresión’. Puede que tengan razón en ciertas de sus pretensiones, pero la pierden marchándose del campo.
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Ocurre, además, que cuando uno endurece las normas suele recibir como respuesta de aquellos que sufren la imposición una actitud más beligerante aún. Ser más estricto en la aplicación de la normativa no siempre tiene resultados positivos. Y ocurre que las estrambóticas imposiciones de la LFP entienden muy poco de mano izquierda y de gestión consensuada de conflictos, por lo que la reacción de los ‘fondos’ es previsible, aunque no justificada. Yo también estoy cansado de la adopción de medidas absurdas y fuera de lugar en relación con las pancartas y emblemas de los grupos de animación, especialmente cuando el rasero es distinto dependiendo del caso que se trate. Casos hay para cansarnos. Vería absurdo, por ejemplo, que se prohibiese ondear banderas por interferir en un determinado tiro de cámara, como parece insinuarse desde la ICHH que ocurrió ayer en San Mamés. No hay que olvidar que tanto la gente como sus banderas estaban en la grada desde mucho tiempo antes que las caprichosas cámaras de televisión. También entiendo que todas esas medidas proceden de una torpeza inaudita a la hora de interpretar la normativa. Pero no alcanzo a comprender que la reacción ante lo que podría ser considerado una imposición injusta sea precisamente la de dejar de animar al equipo.
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Puede que esta opinión resulte impopular, especialmente a ojos de los aficionados más jóvenes. Pero he chupado mucha grada y, cuando tocaba, he chupado mucho fondo. Sé lo que hay, no hablo desde la distancia y la comodidad de un palco privado con el gintonic en la mano, ni desde el sillón del despacho del dirigente que no sabe o no entiende cómo funciona y cómo se gestiona lo que antes llamábamos ‘un fondo’ y ahora recibe, como tratando de blanquearlo, el aséptico nombre de ‘grada de animación’. Y sé que hay, como los ha habido siempre, muchos comportamientos y actitudes que distan mucho de ser las que uno espera que se observen dentro de un recinto deportivo. Tengo la sensación de que nunca como hasta ahora ha hecho falta tanta parafernalia para animar a un equipo de fútbol. De que importan más las banderas, emblemas y proclamas del grupo o peña de turno que los colores del equipo que, eso queremos creer, los convoca. Distinguirse incluso por encima del propio club que te procura cobijo y que es tu razón de ser. Animar a tu equipo no te da derecho a exigir nada extraordinario, porque animar es una cuestión meramente voluntaria: si quieres animas y si no, te quedas callado. Solo así puede entenderse semejante cerrazón a la hora de aceptar las normas. Solo así se comprende catalogar el acatamiento de la normativa o de los requisitos impuestos por las plataformas de televisión o por el organizador del campeonato como ‘represión’. Haz lo que estimes oportuno para protestar si no estás de acuerdo. Manifiéstate, emite un comunicado, plantea una moción de censura, incluso. Pero nunca, nunca, dejes tirado al equipo. Estarás ayudando a que el fútbol se convierta en eso que ninguno deseamos.

El cielo sobre Berlín

‘Si el Hertha finalmente descendiese de categoría, toda la ciudad de Berlín se sentiría de segunda clase, más pobre, más triste‘. Para el diario berlinés Der Tagesspiegel, que así se pronunciaba en la previa del definitivo duelo ante el Schalke 04 en aquel mes de abril de 2010, el de su penúltimo descenso al segundo escalafón del fútbol alemán, estaba claro que el fútbol en la capital alemana no era ni mucho menos una cuestión menor. Aquella desproporcionada boutade pretendía situar al fútbol en un lugar que, en realidad, nunca le ha correspondido dentro de la bulliciosa, estimulante y siempre atractiva Berlín. Porque ni el Hertha BSC tiene la exclusiva de la representación deportiva (ni siquiera futbolística) de la capital germana en los más altos niveles, ni la ciudad admite que su principal equipo de fútbol pueda ser considerado como un fiel representante de la variopinta sociedad berlinesa. Berlín es una ciudad, especialmente tras la reunificación y la recuperación de la capitalidad, con una gran afluencia de inmigrantes, tanto de otros países como del resto de Alemania. Cada uno trae consigo, aparcado en su memoria, o en forma de bufanda colgada de la pared de la habitación de un lúgubre piso de estudiantes, su propia fidelidad a un equipo de fútbol. Y casi todos ellos acuden al Olímpico al menos una vez al año: precisamente el día que su Stuttgart o su Wolfsburg del alma visitan al Hertha. Berlín es demasiado multicultural como para aferrarse con firmeza a un único club de fútbol y abrazar una sola fe futbolística. Berlín es un saco lleno de muchos corazoncitos variopintos. Berlín, sexy y vanguardista como pocas capitales europeas, es un banderín del Galatasaray colgado tras la barra de un döner kebab de Kreuzberg y una camiseta del Legia escondida en algún precario armario.
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La particularísima idiosincrasia de la Berlín del Muro tuvo su repercusión, como no podía ser de otra forma, en el fútbol. Nadie lo ha contado mejor que Simon Kuper en su excepcional e imprescindible ‘Fútbol contra el enemigo‘ (Contra, 2012), en boca del ‘disidente’ futbolístico Helmut Klopfleisch, al que el Muro de la vergüenza separó forzosamente de su Hertha del alma durante veintiocho largos y agitados años. La profusión de clubes de muy diversa índole, cada uno con sus particularidades socio-políticas, no contribuyó precisamente al desarrollo sostenido de un club poderoso ni en el este ni en el oeste de una ciudad que resultó caótica, y no sólo en lo futbolístico, durante muchos años.
Cuentan que las circunstancias propicias pudieron haberse dado por fin cuando, días después de derribado el Muro, el Hertha jugó por primera vez en Berlín tras la reciente reunificación. Una marea humana de seguidores del Hertha procedentes de la zona este acudieron en masa al Olímpico con la ilusión de ver cumplido un sueño tan cercano como prohibido durante toda una vida: ver a su equipo en vivo. Pero la fiebre futbolística duró poco. Para el segundo partido en casa tras la reunificación, la directiva del club, en un gesto de acercamiento entre las dos mitades de la ciudad, decidió invitar al encuentro a los dirigentes del Dynamo y del Union, algunos de ellos antiguos miembros de la temida Stasi. La respuesta de sus ‘nuevos’ seguidores procedentes de la zona este no se hizo esperar. No querían compartir estadio con aquellos que se habían encargado de privarles durante décadas, entre otras muchísimas cosas bastante más trascendentes, de su amado equipo de fútbol.Camisetas de fútbol de selecciones nacionales del Mundial 2018, no te pierdas!
El Hertha no pudo construir una masa social poderosa aprovechando una circunstancia tan favorable como la reunificación. Muchos de sus seguidores continuaron siéndolo, por supuesto, pero dejaron de lado esa ‘obligación’ ritual asumida por todo hincha de acudir cada dos semanas al estadio. El club berlinés se desligó de buena parte de sus aficionados porque quiso vendar prematuramente unas heridas tan profundas que aún no habían sido cauterizadas. Parecía imposible haberlo hecho futbolísticamente peor en una ciudad tan inmensa y con tanto potencial.
Como si Damiel y Cassiel, los dos ángeles que surcaban el cielo y la vida cotidiana de Berlín y los berlineses en la película de Wim Wenders, hubiesen decidido abandonarse a placeres más mundanos y hubiesen puesto algo de lo suyo en el Olímpico, el Hertha Berliner Sport-Club brilla hoy como hacía tiempo que no se veía. Aunque aún no llegue a suponer amenaza real para la implacable autoridad que llega de Múnich y Dortmund, Berlín puede volver a sentirse hoy una ciudad de primera clase. Mucho menos triste. Mucho menos pobre.

Enfrentar al Madrid en su Tierra parte 8

Se habla que no se ha visto un Madrid tan superior, que bueno que ganó 3-1 pero que estuvo en la cuerda floja, etc. Hombre claro, es que acaso podía ser de otra manera ante el PSG. Hubo un momento en la opinión generalizada que parecía que el Madrid iba comparecer de comparsa, se agigantó tanto a los franceses que era algo así como que no había nada que hacer. Yo siempre decía que quería verlo, que podía pasar cualquiera pero que el que pasara tendría que sudar y que el partido se decidiría en Francia. 
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La verdad es que el Madrid tiene un resultado mejor de lo que esperaba para cualquiera de los dos. Pero la CL consiste en eso, en manejar tus malos ratos, porque los buenos ya se manejan por si solos. Y en el último lustro nadie los ha manejado tan bien como los merengues. Las declaraciones de Rabiot (“El problema es que es fácil marcar ocho goles en Dijon, pero son en estos partidos donde hace falta ser decisivo”) se están leyendo en clave de complejo de inferioridad y no las veo para nada así. Creo que confirma que ellos mismo saben lo que muchos dudamos desde verano, su liga y su copa no les sirve para aprender a competir contra los mejores. Mientras unos ensayan cada fin de semana a ellos no les llega, lo tendrán que hacer a golpe de marte y miércoles europeos. Si a esto sumamos que el Madrid además está acostumbrado a enfrentarse emocionalmente a Messi pues la diferencia es obvia, justamente creo que el Mardrid tiene más éxito en la CL porque se tiene que enfrentar a Messi en casa, cosa que al Barça no le pasa y le penaliza a veces. No está acostumbrado a ajustar tantas cosas para partidos puntuales. 
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Otro dato que comentaba era que el PSG sólo se había enfrentado a un equipo de su teórico nivel: el BAyern, y los enfrentamientos se habían saldado con una victoria para cada uno con lo cual tanta bestia no podía ser. Pero pensar que cualquier equipo de europa se va enfrentar a Mbappe y Neymar y no va a sufrir es ser demasiado optimista. Creo que son con diferencia el equipo que más desborde tiene, sobretodo en carrera, el MAdrid los controló bastante bien la verdad (dentro de lo posible). Es que para mí el francés, hoy por hoy, con el balón y campo por delante me mete más miedo que el mismo Messi. Hace mucho que no vemos esas arrancadas al argentino, para aclararnos, ahora mismo el gol vs el Getafe de coger el balón en el centro del campo e irse de la gente por potencia lo hace Mbappe y no Messi (para mí claro). Tiene otro tipo de regate, pero a Messi mucha veces se le obvia que tenía una potencia en las piernas sólo comparada con el primer Ronaldo Nazario y esas piernas ahora ya no las tiene, pero el niño este sí.