La actividad física en el arbitraje

“EL ÁRBITRO” debe poner el máximo empeño en su trabajo . Transcurrido poco más de un siglo, nadie puede negar hoy día la enorme transformación que ha sufrido el Baloncesto desde que fuera inventado. Ni su propio creador, el Doctor James Naismith, pudo imaginar que aquel juego alcanzaría tanta popularidad.
El motivo de tan creciente interés no es otro que la continua evolución de sus reglas, hecho que le ha conferido una mayor movilidad, velocidad y espectáculo. Este dinamismo obliga igualmente a una continua renovación de todos sus protagonistas a quienes se les requiere exigencias cada vez mayores. Entre éstos hay que mencionar una figura conocida por la mayoría, pero cuya labor es admitida por una minoría.
Este personaje representa la imagen de alguien considerado poco común, debido al carácter tan especial de su misión. Por esta razón, esta persona conocida como “EL ÁRBITRO” debe poner el máximo empeño en su trabajo, para lo cual necesita buscar una mejora cualitativa de la preparación, consciente de la gran importancia que reviste el papel que ha de jugar. Dicha preparación debe entenderse como el desarrollo de tres aspectos (Físico, Técnico, Táctico) mediante un proceso planificado y especializado.
De los tres citados, hay que destacar el componente físico pues constituye el aspecto a desarrollar por el árbitro  para llevar a cabo un trabajo eficaz.

AI igual que cualquier otro tipo de actividad humana, la realización de ejercicio físico puede responder a numerosos y variados objetivos dependiendo fundamentalmente de las  personas que lo realizan. Los usos más frecuentes son: Hobby, Diversión, Ocio, Placer, Estética, Salud u Obligación.
De entre todos ellos es necesario hacer una referencia al último no por ser el más importante sino por ser “lamentablemente” el objetivo más utilizado por los árbitros. Puede decirse de forma general que la preparación arbitral se realiza movida por la necesidad de responder a determinadas obligaciones, tales como superar unas pruebas o mantenerse físicamente bien durante la temporada.
A primera vista, esta afirmación puede resultar incomprensible para la gran mayoría de los árbitros ya que constituye una práctica considerada correcta tradicionalmente. No obstante, aun siendo aceptable y respetable, debe considerarse como un planteamiento erróneo, ya que cuando el arbitraje deja de ser prioritario el entrenamiento como obligación pierde su
razón de ser. A consecuencia de esto, se produce un descenso progresivo de la motivación que se traduce en una actitud de desgana y donde cualquier actividad física supone todo un gran esfuerzo. En consecuencia, se empieza por reducir el número de sesiones de entrenamiento, lo cual ya es preocupante si se tiene en cuenta que generalmente suelen ser escasas. A continuación se reduce la duración de la propia sesión, o bien no se realiza en su totalidad, optando finalmente por el abandono de la actividad.
Por esta razón, se recomienda llevar a cabo un planteamiento cuyos objetivos no estén condicionados por situaciones pasajeras, sino que estén sujetos a la propia entidad del árbitro como persona, lo cual contribuirá al desarrollo de unos hábitos y costumbres con claras intenciones de sustentar cualquier finalidad.
En definitiva, se propone desarrollar una actitud reflexiva sobre la importancia de la actividad física no sólo para el arbitraje, sino como aspecto básico para mejorar la calidad de vida, y como medio de disfrutar y aprovechar el ocio de forma constructiva, favoreciendo así la creación de unos hábitos que hagan del ejercicio físico una actividad permanente.

Un segundo problema con el que se encuentran los árbitros está constituido por una manifiesta falta de información en lo concerniente al ejercicio físico, lo cual provoca un lógico desconocimiento sobre los conceptos más básicos así como de los medios y finalidades que rigen la preparación física. A ello hay que añadirle la confusión que generalmente se origina como consecuencia de dicho problema, hecho que agrava aún más la situación.
Considerar el entrenamiento y la preparación física como un mismo concepto, la flexibilidad y la elasticidad como una misma cualidad, o pensar que los ejercicios de estiramiento y flexibilidad persiguen idéntico objetivo, constituyen ejemplos habituales de las confusiones que se generan entre los árbitros.
No es de extrañar pues, que en la mayoría de los casos tanta complejidad o desconocimiento dé lugar a un progresivo desinterés. Por ello, así como los árbitros son asesorados por otros compañeros más expertos, directores técnicos-arbitrales, etc., es también conveniente que sean orientados por especialistas en la materia de forma que puedan obtener mejoras en este campo. Sin pretender sustituir la importante labor del preparador físico, conviene transmitir cierta información de carácter básico que ayude al árbitro en primera instancia a comprender el ejercicio físico como actividad metodológica, favoreciendo la atención y la consideración que realmente merece.
Es la preparación básica que permite al individuo enfrentarse al entrenamiento gracias al desarrollo de una condición física constituida por una gama de cualidades (FUERZA, RESISTENCIA, VELOCIDAD, FLEXIBILIDAD, EQUILIBRIO). Así pues, la preparación física constituye una parte dentro del entrenamiento.
Entrenamiento
Supone la realización de ejercicios físicos, técnicos y tácticos estructurados mediante un proceso especializado. En el aspecto físico hay que entenderlo como la ejercitación metódica y sistemática del individuo con miras a obtener un rendimiento.
Para una consecución eficaz se requiere seguir una serie de principios de tipo fisiológico, los cuales rigen la planificación, organización y control del entrenamiento. En todas las actividades han de aplicarse estos principios que a diferencia de los métodos son invariables. Estos principios son:
De los nueve principios dados conviene hacer especial hincapié en tres de ellos dadas ciertas características que se producen en el “entrenamiento” de los árbitros.

P. de continuidad: Para que exista un desarrollo de las cualidades es necesaria una preparación continuada. Todo esfuerzo que se interrumpe por un período prolongado o es realizado sin continuidad, no crea hábito y por lo tanto no produce efecto ninguno. Esto no quiere decir que no se descanse, pero cuando el esfuerzo se realiza después de que han desaparecido los efectos del entrenamiento anterior, no existe desarrollo del organismo. Por el contrario, cuando un esfuerzo se repite sin que la persona haya descansado del esfuerzo anterior el nivel funcional desciende. Cuando los descansos son adecuados el organismo asimila la actividad realizada y se va adaptando lo cual permite la mejora orgánica y por tanto un mayor rendimiento.
P. de sobrecarga: Como se ha mencionado, una persona está entrenada cuando sus capacidades físicas están adaptadas a los esfuerzos. Elevar la calidad del entrenamiento consiste en superar los niveles de adaptación del organismo aumentando los esfuerzos mediante el incremento de la intensidad o el volumen según la cualidad que se quiera desarrollar y según la fase de la temporada.
P. de individualización: La capacidad de reacción del organismo es distinta en cada persona. Las reacciones del organismo hacia un mismo esfuerzo pueden ser diferentes para dos personas y también para una misma persona en diferentes períodos de tiempo.
Estos tres principios pueden resumirse y recogerse en una frase: “Realiza TU entrenamiento de forma CONTINUA y PROGRESIVA”
Es el conjunto de actos y ejercicios a realizar previamente a un gran esfuerzo garantizando un funcionamiento eficaz del organismo ante el esfuerzo principal. Es pues unacondicionamiento de las cualidades innatas trabajadas de forma continua en la preparación física.
El calentamiento debe ser una progresiva puesta en marcha del organismo, realizando ejercicios que aumenten de lo sencillo a lo complejo, buscando una puesta a punto fisiológica y psíquica.
Debe prestar atención a todos los órganos musculares y articulaciones, aunque debe existir una mayor atención sobre aquellos que van a intervenir de forma más directa e intensa, así como sobre aquellas zonas que puedan estar lesionadas.
Debe ser en todo momento activo y desarrollarse sobre una serie de ejercicios basados en la carrera suave. La intensidad y la duración tendrán que ajustarse a las características del individuo y al esfuerzo a desarrollar posteriormente así como a las condiciones climatológicas. Aunque el calentamiento ha de hacerse siempre, se deberá prestar especial atención durante el invierno ya que debido al frío existe una mayor predisposición hacia las lesiones; por ello, además de los ejercicios se ha de cuidar la indumentaria, no dejando transcurrir mucho tiempo entre la finalización del calentamiento y el comienzo de la actividad. Tanto el exceso como el defecto de los factores tiempo e intensidad pueden actuar de forma negativa Por último, resulta de gran utilidad recordar que no existen preparadores mágicos ni programas de entrenamiento milagrosos; únicamente existen personas constantes y voluntariosas.
El deseo es que la perspectiva ofrecida pueda contribuir a dar una mayor significación a la relación árbitro-arbitraje, intentando hacer de ella algo más que una forma de participación deportiva, llegando pues a entenderla como posible filosofía de vida.